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Orígenes

Todo inició con el matrimonio de Francisco Mora Rojas y Eloísa Solís Zelaya, el 19 de septiembre de 1914, en San José de Costa Rica.

Ambos fueron miembros de familias que hicieron aportes a su comunidad. De esta unión nacieron 11 hijos. La primera fue Elena, en 1915, y la última en fallecer fue Cristina, en 2016. En esta etapa inicial de la familia (100 años), se forjaron valores y principios que queremos compartir con las nuevas generaciones de descendientes.
Por un lado, los Mora, radicados en Coronado, se dedicaron por muchos años al negocio de la madera, especialmente a principios del siglo XIX, época de las independencias de los países de la región centroamericana y de la apertura de importantes caminos, a través de zonas montañosas, selváticas, muy peligrosas e inhóspitas. Allí, en el Bajo La Hondura, participaron los Mora, en la construcción de casas en esa primera ruta que permitiría a Costa Rica llevar sus productos al Atlántico para ser vendidos a Europa.
De esta familia tan próspera y de fuertes pioneros proviene Francisco Mora Rojas (Don Chico). Su tío, Blas Mora Sequeira es el bisabuelo de Don Luis Paulino Mora Mora, presidente de la Corte Suprema de Costa Rica (1999-2013) y gestor de valiosos cambios en la justicia penal del país.
Familia enfrentada a los inicios de la república, a tiempos difíciles, caminos peligrosos, sin adelantos tecnológicos, ni científicos, los Mora era gente de mucha fe, que también hicieron valiosos aportes a su comunidad.
En aquellos tiempos del inicio de la República de Costa Rica, las comunicades colaboraban activamente con sus iglesias en todo sentido, por ser éstas eran punto de unión y convergencia ciudadana, tanto espiritual como social. Se decía que los aportes realizados eran una muestra de la estabilidad económica de las familias. Y la nuestra, no fue la excepción. El nombre del abuelo de Don Chico, José Trinidad Mora, sigue escrito en la carátula del reloj de la Iglesia de Coronado. Si analizamos bien la realidad geográfica de la época, es decir, los pocos y escabrosos caminos o rutas de comunicación entre San José y la costa atlántica, la consecución de dicho reloj en España, debió suponer toda una odisea. Desde su costo y confección, hasta su transporte por el traicionero mar caribe, su traslado entre la peligrosa vegetación montañosa, y su instalación final en la torre principal de la iglesia. Este reloj fue sin duda, un gran aporte a la comunidad de Vásquez de Coronado.
Por su parte, Eloísa Solís Zelaya creció con influencias intelectuales de su familia directa, como la de su tía, Pacífica Zelaya, a quien apreciamos en la foto; primera pianista mujer de Costa Rica, joven virtuosa, muy apreciada en el Conservatorio Real de Bruselas. También se destacan periodistas, financistas, maestros y diplomáticos, como su tío, Ramón Zelaya, Embajador de Costa Rica en Italia.
Existió además en esta familia una relación con Don José Santos Zelaya López, héroe nacional y presidente de Nicaragua, recordado también por tratar de construir un canal interoceánico en su país. Otra figura que se destaca en la familia de Eloísa es su hermano, el Ing. Rafael Solís Zelaya, uno de los fundadores del Colegio de Ingenieros Topógrafos de Costa Rica, vicepresidente de la primera Junta Directiva, y Presidente Municipal de Guadalupe varias veces.
Lo mismo ocurrió con Custodia Mora Sequeira, tía de Don Chico, hermana de su padre (Rafael Mora Sequeira), e hija de Don José Trinidad, casada con Cruz Blanco, y mejor conocida como la Tía Custodia, quien donó varios santos traídos de España a la Iglesia de Coronado, incluyendo la figura de Jesús vestido de Morado, para la Semana Santa, llamado “El Nazareno”. Esta donación también significó un esfuerzo mayor, puesto que trasladar figuras a tamaño real desde España, a través de los peligrosos senderos disponibles, no era cosa fácil, pues además de la barrera geográfica y climática, debemos sumarle la acción de forajidos y oportunistas, que ponían en riesgo la vida de los ciudadanos. Custodia Mora Sequeira era una mujer de gran carácter, pese a su pequeña estatura. Era muy delicada en su vestir, pero siempre llevaba un revólver en su cartera. Asumimos por ello que Custodia era la encargada de pagar los salarios de los trabajadores de las casas construidas por la Familia Mora, a lo largo del Bajo La Hondura. La figura de la Tía Custodia es hoy motivo de inspiración para los Mora Solís, pues sentimos su carácter, temperamento y valentía en nuestro ADN. La Familia Mora creció sin duda al calor del trabajo arduo y de los valores, como la responsabilidad y el compromiso.
En el ADN de los MORA SOLÍS se combinan: arrojo, honradez, compromiso, trabajo arduo, respeto, integridad y amor por el país. El esfuerzo no fue en vano. Esta familia es sinónimo de buena semilla.