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Anécdotas sobre Elena

“Mi madre vivía agradecida con su hermana Elena, porque tomó la valiente decisión de criarla a ella y a su hermano José. Un día la Tía Elena le advirtió que vendrían unas visitas, que por favor se quedara tranquilita y que no preguntara sobre los defectos físicos de la gente. Pero como buena niña traviesa, mi madre le preguntó al visitante: ¿Y qué tienes en la pierna? Elena, con total paciencia y, para no hacer el regaño obvio, tocó a mi madre por debajo de la mesa para que no siguiera con el tema. Y mi madre le preguntó: ¿Y por qué me toca, Elena?”
Lucía Bonadíes Mora
“Ascensión Solís, nuestro bisabuelo materno, enviudó en 1935, cuando la Tía Cristina tenía 7 años, y la Tía Rosario no había nacido. Nuestra abuela Eloísa se fue a vivir con su padre. Vivían a 200 metros al este de la Iglesia de Guadalupe. Cristina fue a la escuela Pilar Jiménez. Después, el Tío Ernesto, con unos ahorros que trajo de Panamá, compró una casa en Purral; ahí murió la abuela Eloísa, ahí cursaron la primaria José y Rosario, en la Escuela Juan Flores, que junto con Isabel, fueron los que terminaron la primaria.”
Eduardo Vargas Mora
“Luego Elena, Isabel, Cristina, José y Rosario se fueron a vivir con la Tía Clementina. Cuando murió Clementina, le dio a mi madre cinco mil colones, con los cuales compró la casa de Guadalupe, casa que me permitió estudiar a mí. Me siento favorecido en ese aspecto por Clementina que no alcanzó a conocerme, pues murió el 31 de diciembre de 1948, y yo nací en junio de 1949, pero hizo posible que se me facilitara estudiar. Rosario, como todos, comenzó a trabajar muy joven en La Mata de Tabaco, creo que de 13 años. José, de poca edad también, repartía leche, de madrugada. A Cristi la favoreció la Tía Libia, que le consiguió trabajo, siendo muy joven. En realidad todos tuvieron que trabajar muy jóvenes.”
Eduardo Vargas Mora