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Anécdotas sobre Rosario

“Uno de los mejores regalos que mi madre nos dejó fue la educación, tanto la de hogar, los valores y el matricularnos en excelentes colegios católicos de nuestro país. Mi hermano mayor aplicó a la prestigiosa beca de la OEA, la cual era otorgada anualmente a solo 6 jóvenes latinoamericanos. Resulta ser que él tuvo un retraso importante para lograrlo y casi pierde la oportunidad, pero Rosario solucionó el asunto sin más dilación: Llamó a Washington, sin saber una pizca de inglés. Allí pidió hablar con el encargado de las becas. A esta persona le explicó detalladamente lo muy inteligente que mi hermano es, y el gran talento que tiene para transmitir conocimientos. En otras palabras, la beca sería buena para mucha gente. Que era seguro invertir en mi hermano y que por favor le recibiera su aplicación. En resumen, Mario recibió la beca y estudió en Chile una de sus maestrías. Y ha sido, por muchos años, excelente catedrático universitario. Años después mi hermano menor ganó la misma beca. En esta ocasión, se metieron los papeles a tiempo y no hubo necesidad de asistencia telefónica. Pero la inversión de la OEA fue buena otra vez, pues Leonardo también es un hombre muy inteligente, gran abogado y excelente profesor universitario.”
Lucía Bonadíes Mora.
“De joven, mi madre trabajaba en una panadería, en San José. Al medio día comía rapidito, luego cruzaba la calle y se paraba en la puerta de un edificio, propiedad de su jefe, para vender mentas a quienes regresaban de almorzar. Así supo que el último piso del edificio tenía 2 años sin alquilar. Entonces a ella se le ocurrió promover y mostrar el local y logró el alquiler. Su jefe fue tan feliz, que le ofreció gratis, un local por un (1) año, para que ella iniciara su propio negocio. Acordaron que hablarían más al volver de vacaciones de Panamá. Mi madre no volvió, pero siguió ayudando a mucha gente a conseguir lo imposible durante los siguientes 50 años.”
Lucía Bonadíes Mora.
“Tendría 10 años cuando Rosario y yo estábamos frente a un espejo. Me pidió que observara bien su cabello, altura y piernas. Eran puntos que no le gustaban mucho. Por eso, de joven, usaba el pelo alborotado; forraba sus zapatos con la tela de sus vestidos de hombros abiertos (estilo Marilyn Monroe), porque Rosario tenía una piel divina, lindos labios, siempre pintados y preciosos dientes, sonrientes. Y le pregunté: ¿Para qué me cuentas esto? A mis 60 años, todavía recuerdo la respuesta: Hija, resalta lo mejor que puedas, todo aquello lindo que tienes; y no pierdas tu tiempo envidiando a los demás, por lo que no tienes...”
Lucía Bonadíes Mora.
“Ir a Costa Rica siempre era todo un evento. Rosario le compraba regalitos a sobrinos y hermanos. Me pedía que los envolviera con mucho cuidado y cariño y que le escribiera una dedicatoria a cada uno. Yo podía ver la ilusión con la que ella los preparaba y sentía una gran satisfacción al entregarlos. Esto lo hacía también con sus hijos, nietos y amigos. Mi madre siempre fue muy desprendida, generosa y sobre todo, divertida. Era una mujer de detalles.”
Lucía Bonadíes Mora.
“Para Rosario no existían puertas cerradas… Era una mujer positiva y muy determinada. Una vez soñó con el Presidente “EL TORO” (alto y robusto) y, como el mandatario estaría en el Centro de Convenciones ATLAPA, allá fue ella. Entró al recinto con seguridad; habló con sus guardaespaldas y la dejaron seguir. Le pidió permiso a la primera dama y luego Rosario le explicó al Toro que ella había venido exclusivamente para darle un abrazo. Ernesto Pérez Balladares se incorporó de su silla y muy gustoso la abrazó. Después de lo cual, ella siguió haciendo sus mandados, feliz de la vida.”
Lucía Bonadíes Mora.
“Mientras cocinaba su almuerzo, Rosario escuchaba una emisora en donde se analizaban diversos temas y ella podía llamar, opinar y aconsejar. Cuando el DJ le pedía su nombre, Rosario respondía: Soy La Abuela. Y se hizo tan famosa que, la gente pedía a diario la opinión y consejos de La Abuela. Un día pasaba ella por una avenida y vio la radioemisora. En la entrada se identificó como La Abuela. Era tanta la emoción del DJ, que repetía que La Abuela lo había visitado, que era muy linda, que tenía un lindo carrito y que ella le había llevado un dulce.”
Lucía Bonadíes Mora.
“Inesperadamente, mi madre conoció a la famosa cantante de música folklórica Sandra Sandoval. Se sabía todos sus pasos y hasta quedó invitada a su cumpleaños en “El Suspiro”. Allá la llevé. Bailó en esa tarima por hora y media. Sandra Sandoval siempre me preguntaba por Rosario. Sus nietas la invitaban a la discoteca; en un avión habló largo rato con Olga Tañón; con sus sobrinas, Ofelia y Omaira, se iba en la “Chiva Fiestera” por toda la ciudad; con la Familia de Eyra Pérez disfrutaba del Carnaval en Chitré y se conocía las canciones de Daddy Yanky. A ella le gustaba lo moderno; disfrutaba de las nuevas tendencias. Ella te las contaba.”
Lucía Bonadíes Mora.